Libertad de expresión contra alta velocidad

17 de febrero de 2015 4:00

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Libertad de expresión contra alta velocidad

Hay dos o tres cosas que hay que saber sobre Erri de Luca (Nápoles, 1950): después de su primer beso entendió todos los libros que había leído antes. Dos, tiene “manos de paleto”, o sea, pura dignidad laboral. Y tres, gracias a los gases lacrimógenos que tragó a los dieciocho recuperó “la cólera del niño”. Italia hervía a fuego lento y él alimentaba la lumbre, era parte de una generación derrotada, “la más encarcelada de la historia del país”.

“Podía tragármelas, esas lágrimas, junto a los botes humeantes del gas que disparaban contra nosotros. Los recogía ardiendo con un guante y los lanzaba contra las tropas. Nos convertíamos en muchos, se reducía la importancia del uno mimo. Conocí entonces el peso y la amplitud del pronombre nosotros”...

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